Tuesday, December 2, 2008

SIN VULCANIZADORAS NO HAY PARAISO

Como dice nuestro amigo Manuel Loes ir a Tijuana es atravesar la Stargate y plantarse en otro universo, y la verdad es que lo pudimos comprobar este fin de semana de Thanksgiving, en el que mientras los gringos rememoraban haber dado las gracias a los indios para después masacrarlos, nosotros dabamos gracias a la vida de tener tan cerca la posibilidad de embarcarnos en una aventura de bailes, bromas, amistad, recuerdos, alcohol y muchísimas risas lejos de las estrictas y cuadriculadas normas yankis.

Así que seguimos una curva como por inercia con la idea de llegar al Mazateño. Seguimos la curva, subimos cuestas de vértigo y nos perdimos por una hora, pero mereció la pena pues comimos los mejores tacos de camarones que según yo existen hasta la fecha de mi existencia. Lo menos memorable del viaje acabó siendo el concierto de Fernando Delgadillo, él no lo dio todo y Carlos y yo quedamos perplejos de que el público de Tijuana no pidió más, estos tijuanenses son cabrones, no? El concierto no fue bueno pues ni Dios le pide que cante otra!

Y después comenzó la gran fiesta en el Dragón Rojos, lugar memorable que me recibió con Sarri, Sarri de Kortatu cantado a todo pulmón por los amigos de Mónica. Ya no tuve duda de que en Tijuana todo es posible, hasta bailar ska importado del País Vasco mientras bebíamos de caguamas que, por lo menos yo, tenía que soltar de tanto en tanto pues no podía con el peso.

Que me decís de esas conversaciones del dragón? Manuel tuvo una conversación existencialista que lo dejó loco pues le comentaron que el Tijuana no existen las vulcanizadoras. “¿Y si no existen las pinches vulcanizadoras donde carajo vamos a crear ese nuestro espacio cultural?” La conversación lo dejó tan jodido que tuvo que irse a pensar en soledad a la barra mientras comía unos cacahuetes. Su crisis existencial sobre el tema no nos la dijo hasta el día siguiente pues mientras manejábamos descubrió en el camino varias vulcanizadoras que en Tijuana se llaman llanteras. Respiró tranquilo y empezó a joder con el nombre del nuevo espacio en donde según nosotros nos vamos a cagar en todas las normas establecidas por las instituciones museísticas y vamos a impartir talleres de todo tipo de locuras, principalmente dedicados a muchachitas jóvenes estilo Lolita, otra de las conversaciones estrella del finde: Los hombres y sus obsesiones con las Lolitas del mundo… Ah! Y ya decidimos que en la puerta de nuestro No-Museo habrá un cartel en el que diga “Nos Reservamos el derecho de admisión, prohibida la entrada a mamaguevos”.

Y tras la locura del viernes el sábado nos pusimos en plan culturoso y recorrimos las librerías (allí encontré un libro con el secreto del siglo la regla de los 3 segundos, el título del libro: Como coger con todas, el secreto os lo cuento otro día), comimos comida oaxaqueña en el mercado (nos faltó la tehuana del diente de oro) y nos sentamos a tomar un café con helado y pastel y arreglar el mundo, o sobre todo a hablar de la futura hegemonía de la mujer en el mundo, con lo que yo estaba muy de acuerdo y el resto no tanto. Después a cruzar la frontera a las 11 pm, esas cosas que se hacen solamente por amor, pasarse dos horas en el coche sin moverse prácticamente pero por lo menos con la buena compañía del Manuelito. La estancia en la cola mereció la pena pues conocimos un nuevo personaje del submundo de Tijuana, aquel que bautizamos como el Mercenario de la Información, aquel que tiene la habilidad de venderte una información que ya conoces. Nosotros no nos dejamos engañar pero el tipo existe y ahora va a pasar a ser parte de una nueva serie de obras, o eso me han comentado por lo menos.

Al llegar al puesto fronterizo mandé a volar todas mis conjeturas sobre el poder de la mujer y al igual que hacen el resto de las féminas, y entre las que yo no me incluía, me salio mi comentario machista del alma (entendamos que hacia dos horas que estaba metida en el tráfico de la frontera) pero si, la pinche vieja no se daba la prisa que debiera, esa es la pura verdad, quizás nada tenia que ver con su género pero era una pinche vieja y punto. Tras eso me salio mi lado oscuro, el de cuaima, al darnos cuenta que podíamos haber esperado al otro lado de la frontera pero menos mal que tenía al lado a mi salvador que me convenció que mi lado cuimatizante debería solo aparecer por lo menos dentro de unos seis meses, cuando la inocencia del enamoramiento se va yendo a la mierda.

Y de regreso a Tijuana, ya felizmente atontada por la compañía, seguimos al día siguiente nuestra travesía hacia el Valle de Guadalupe con la intención de probar los mejores vinos de la zona. No se si fueron los mejores vinos, tengo mis dudas al respecto, pero fue uno de los mejores atardeceres que he vivido, con las risas y la buena compañía, las caricias en mis pies, la luz anaranjada sobre los viñedos y más tarde la luna y el cielo plagado de estrellas. ¿Qué más se puede pedir?

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